Si me permiten la metáfora, los disparos más graves contra Pedro Sánchez, que podrían incluso llegar a ser mortales políticamente, provienen de su casa política. Parece que Santos Cerdán, Ábalos y Koldo se sumaron al «quien pueda hacer que haga» de Aznar. Considero responsabilidad del Secretario General del PSOE y de la Ejecutiva Federal que estas corrupciones sucedan en su entorno más íntimo, por tanto, lo lógico es que se someta al sentir de los militantes del partido en la forma que establezcan sus estatutos; asimismo, debería asegurarse la confianza de los socios de gobierno. Sin embargo, creo que en estos momentos sería negativo para el país no acabar la legislatura; al contrario, Sánchez y su gobierno deben hacer políticas progresistas para mejorar la vida de la gente, más de la que peor lo pasa. Si estuviera en mi mano, yo le daría mi confianza en ambas instancias, lo que no quita que deba someterse a ella. Es mi opinión basada en lo que se conoce hasta ahora. Al final, quienes terminarán mandando a casa a Pedro Sánchez no serán la pandemia, los volcanes, la dana, el gran apagón, la guerra en Ucrania o el conflicto con el gobierno genocida de Israel, tampoco los enemigos externos mediáticos, judiciales, patriótico-policiales o políticos de la derecha-extrema-derecha ni los traidores internos page-felipistas, sino quienes eligió de su confianza para llevar el partido mientras él hacía buenas políticas en general, salvo errores, a pesar de las múltiples dificultades de todo tipo. Otra cuestión, de fondo, es que, tanto en partidos políticos como en instituciones y organismos públicos, también en las empresas, deben establecerse mecanismos de control que eviten actuaciones corruptas de forma categórica. Y ahí se ha fallado, y mucho.
En este sentido, resumo algo que escribí aquí, en Estella Noticias, en marzo del pasado año. Recomendaba a quienes pudieran incurrir en corrupción o ser afectados por ella la lectura del libro Combatir la corrupción, de Manuel Villoria, catedrático de Ciencia Política y de la Administración, donde define el concepto y explica qué es y qué no es corrupción, propone métodos de medición, enumera sus causas y consecuencias y aporta algunas ideas sobre cómo prevenirla y luchar contra ella. Concluye que la mayoría de los fracasos de los métodos para combatirla se deben a la falta de voluntad política y hace un llamamiento a la sociedad civil para rechazar las prácticas corruptas y sancionar a políticos y empresarios implicados. Lo he escuchado de nuevo estos días en varias entrevistas y aquellos que tienen que tomar medidas para evitar la corrupción deben consultar a expertos como él y actuar de manera urgente.
El PP, el partido más corrupto de Europa, con más de treinta causas pendientes en la Justicia, no está para dar lecciones a nadie; los fascistas de Vox y similares, que incluso gobiernan con ellos en algunas comunidades autónomas y ayuntamientos y atacan violentamente las sedes socialistas, menos aún. Sin embargo, nada de esto debe hacernos olvidar que la lucha eficaz contra la corrupción debe ser obligatoria en una sociedad democrática. Y ahora le toca al PSOE y a Pedro Sánchez hacerlo sin dilación y sin tregua, con transparencia y contundencia.
No sabemos cómo acabará este asunto porque cada día aparecen nuevos datos; de momento ha enterrado otras noticias muy importantes y graves a nivel mundial.
Ya no llaman la atención las actividades xenófobas de Trump, como el reciente despliegue militar en California ante las protestas contra las redadas migratorias. Imposible pasar de largo ante la ruptura Trump-Musk. En febrero, en este mismo medio, escribí: «No se sabe si podrán más sus egos, que los acabarán separando, o sus intereses espurios, que los unirán para siempre». De momento, ganan los egos. El de Trump no para de aumentar: se ha regalado a sí mismo un desfile militar por su cumpleaños.
A pesar de las noticias de todo tipo que nos arrollan, no debemos olvidarnos nunca de Gaza y los gazatíes, de su aniquilación por parte de Israel. Las imágenes y crónicas que nos llegan a diario solo pueden provocar indignación en las personas que no hayan abandonado su condición de humanas. Es el primer genocidio que se retransmite en directo a la vista de todo el mundo. Antes, los etnocidas disimulaban.
La destrucción de Gaza, que va camino de total y ya ha causado más de 50 000 muertes de civiles, entre ellos miles de niños —después vendrá Cisjordania—, sumada a las condiciones inhumanas en las que obligan a sobrevivir a casi dos millones de palestinos inocentes y la descarada anexión ilegal anunciada por Netanyahu, más su posible conversión en resort según su mentor Trump, no solo son repugnantes, sino que deben ser llamadas por su nombre, incluso gritarse: ¡GENOCIDIO, LIMPIEZA ÉTNICA! Lo demás son medias tintas o blanqueamientos indecentes. Einstein advertía de que el mundo no está en peligro por las malas personas sino por quienes permiten la maldad. A Gandhi no le horrorizaba tanto la maldad de los malos como la indiferencia o el silencio de la gente buena. En esas estamos, porque la reacción de la comunidad internacional —signifique lo que signifique tal cosa— no ha sido todo lo contundente que debiera. Europa está presa de ideologías fascistas crecientes en su interior, incluso en Alemania aumenta el nazismo, que se acomoda junto a los sentimientos de culpa histórica, que no prescriben. Aunque algunos presidentes, como Pedro Sánchez, alzan la voz contra esta barbarie, se siguen realizando negocios de armas con Israel. Es la economía, estúpido.
Europa también se ha retratado en Eurovisión. Recuerdo aquellas galas, en blanco y negro, en el antañazo. Me retiré de seguirlas al completo, aguantando todo el ladrillo, en 1970, con Julio Iglesias dando el cante con Gwendoline y siempre esperando que alguien pronunciara aquello de «Spain, twelve points». Después, recuerdo haber visto solo algunos resúmenes. Este año he vuelto a saber del festival, si bien, ahora el debate no es nada musical, sino sobre la presencia improcedente de Israel —que debería ser excluida—, la manipulación del televoto inducido para favorecer a su representante o la frase de los presentadores españoles sobre la paz y la respuesta de la Unión Europea de Radiodifusión (UER), tan apolítica, o sea, tan de derechas, que advirtió a RTVE que podría recibir una multa si se repitiesen los comentarios realizados en la presentación de la canción israelí durante la segunda semifinal. RTVE, haciendo caso omiso a la advertencia, antes del inicio de la gala difundió este mensaje: «Frente a los derechos humanos, el silencio no es una opción. Paz y Justicia para Palestina».
El patrocinador principal del certamen es Moroccanoil, una empresa israelí de cosméticos que ya había sido acusada de fabricar los productos en territorios palestinos ocupados por Israel, y que tiene una fuerte vinculación con su gobierno, al que se ocupa de maquillar, lo cual es propio de su actividad. De Eurovisión a Euro…Sión solo hay un paso. Me repito: es la economía, es el negocio, estúpido, una doctrina que se coloca siempre por encima de cualquier ideología, incluso por encima de un mínimo de humanidad.
En estos días, Israel ha lanzado una gran ofensiva sobre Irán en el que ha matado a varios altos cargos militares y científicos nucleares del país, lo que desata una espiral de ataques cruzados. Veremos cómo se desarrolla esta nueva guerra.
Adenda: Nos recordaba Manuel Vicent en su columna habitual que el filósofo Adorno dijo que después de Auschwitz ya era imposible escribir poesía. Después de Gaza, menos. Pero permitidme, para llevar la contraria, un breve poema escrito por mí en 2014 y publicado en el libro Palestina. Poemas VI junto a un grupo de poetas internacionales coordinados por Xabier Susperregi. Su vigor resulta escalofriante, si bien todo podía ir a peor. Y va.
DISPAREMOS POESÍA
Solo la sangre colorea el suelo
ceniciento de la ciudad acurrucada
bajo una mortaja urdida de ruinas.
Solo el llanto de los niños arrebatados
de su infancia a golpes
y el dolor de los cuerpos despedazados
replican al estampido incansable de las bombas.
Aquellos pocos que no mueren
de violencia o de olvido
son empujados al odio, que justifica
una espiral de destrucción,
una venganza eviterna.
Mientras los Estados poderosos
exterminan pueblos y los débiles agonizan,
el resto, la gran mayoría, los Estados cínicos,
miran a ningún lado.

