Hoy os voy a contar el término que ha acuñado el empresariado para bajar o no subir los salarios, se trata de el salario emocional, algo casi etéreo que inventan para convencer a las personas asalariadas , de que el sueldo que cobramos cada mes y nos sirve para pagar las facturas, la cesta de la compra, las extraescolares de nuestros hijos, la hipoteca, los impuestos, etc., no es tan importante.
Lo que el codicioso empresariado llama salario emocional son los beneficios sociales, que también os voy a contar un poquito a qué se deben, porque eso no os lo van a explicar en la mesa negociadora de un convenio y hay que recordárselo de vez en cuando. Como además creo que hay una incultura excesiva en materia de derechos laborales, voy a ilustraros un poco.
Según la definición que hacen en Google, sobre todo empresas potentes como BBVA, Santander, y “PYMES” de este estilo, “El salario emocional podría definirse como el conjunto de beneficios no económicos que hacen sentirse cómodos a los empleados de una empresa y contribuyen a mejorar su calidad de vida.” ¡¡¡Qué bien suena!!!
Ahora desgranemos lo variopinto del término en función de las preferencias de las personas trabajadoras, según siempre las encuestas realizadas por estas microempresas que mueven los dineros del mundo y que escatiman a las personas que producen sus pingües beneficios.
La igualdad de oportunidades: son aquellas que tienen que cumplir obligatoriamente por ley desde hace casi treinta años, acotando mediante leyes estatales o autonómicas y/o la transposición de directivas europeas, recogidas en el BOE y elaboradas por gobiernos de tinte progresista, siendo en los últimos veinte años cuando más se han desarrollado.
En cuanto a esto, recordemos los techos de cristal, el 26% de salario real que cobran más nuestros compañeros hombres en las empresas, la reducción de oportunidades que tenemos cuando somos madres y que ellos no se plantean cuando son padres, por dos cuestiones, a los padres se entiende que se les tiene más pillados y a las madres se las considera más absentistas, porque somos quienes nos dedicamos a los cuidados.
Conciliación personal o familiar: otro conjunto de leyes a las que se han opuesto CEOE y CEPYME en todas las ocasiones en las que han tenido oportunidad de hacerlo. Apelando incluso a nuestra responsabilidad frente a nuestros y nuestras compañeras, eso sí, luego se hartan de recordarnos que el índice de natalidad es muy bajo porque sólo nos quieren como carne de cañón. Otro, por cierto, las reducciones de jornada para cuidados familiares, las excedencias etc., también vienen del Estatuto de las Personas Trabajadoras.
Teletrabajo: este es bueno, su máximo auge se dio en la pandemia, forma rápida, limpia y barata de seguir trabajando desde casa para no parar el mundo, daba igual las condiciones que cada persona tuviera en su casa, las empresas por supuesto no pagaron ni internet, ni equipos, ni sillas ergonómicas, todas las que podíamos trabajamos desde casa y así se puso en movimiento el universo.
Cuando ya demostramos que muchos trabajos se hacían desde casa, hubo que regular las condiciones, pero claro, en esa regulación a las empresas ya no les salía tan rentable tenernos en casa y amigos, volvió el presentismo, las jornadas maratonianas innecesarias o sí, si pretendías medrar en la empresa.
Por lo tanto la posibilidad de conciliar trabajando en casa, viene del derecho que te da la Ley de Conciliación aprobada por un gobierno progresista, no por la buena voluntad que tienen las empresas para que cuidemos, mientras les producimos unos beneficios nunca vistos en la historia.
Beneficios sociales: ayudas a la educación, transporte, comedores o cheques guardería, pues resulta que tampoco es por obra y gracia de CEOE y CEPYME, sino de los gobiernos autonómicos, generalmente y que son incrementados por algunas empresas, eso sí, luego se lo desgravan, lo que quiere decir que lo comido por servido.
Desarrollo profesional: formación continua a lo largo de la vida laboral, ¡vaya! Resulta que el Estatuto de las personas trabajadoras obliga a las empresas a formar a sus empleados o empleadas, bonificándose en la seguridad social que pagan las empresas el montante de la formación que invierten.
Digo bien, invierten porque luego lo recogen de dos maneras, económicamente como ya he dicho mediante bonificación y en la capacitación de las personas que les van a producir los desorbitados beneficios de los que hablamos al principio. Y esto como no, es posible gracias a las leyes que se han ido aprobando, insisto por gobiernos progresistas. Un dato como diría la ministra de trabajo; las empresas sólo gastan una mínima parte del crédito disponible para formación.
En mi última trayectoria laboral era miembro de 21 Comisiones Paritarias Sectoriales de Formación en FUNDAE, año tras año he visto como más del 50% del crédito no se gastaba en el mejor de los casos, esto que quiere decir, que el codicioso empresariado se llena la boca hablando de la formación necesaria, pero no les gusta formar porque para bonificarse, tienen que explicar en qué, cómo, y en quién se gastan la pasta de todas nosotras.
Clima laboral: supongo que se refieren a que gastemos bromas entre nosotras porque a la hora de hacer la evaluación de riesgos laborales, nunca tienen en cuenta ese buen clima del que hablan. Si hay acoso laboral, si se presiona de más a las personas en su puesto de trabajo, etc., por cierto, también están obligados por la LPRL, pero les da igual.
Después de este recorrido por algunos de los términos que se encuadran dentro del salario emocional que cacarean los inventores del esclavismo del siglo XXI, como vemos están las Leyes de las que nos dotamos y que son de obligado cumplimiento, que además la mayor parte de ellas nacen después de la pelea sindical y social en las empresas y las calles.
Así que queridas amigas, que no os engañen, no son prebendas voluntarias que las empresas ofrecen graciosamente para fidelizar a sus asalariados, son el cumplimiento del Estatuto de las Personas Trabajadoras y otras leyes anexas.
Señores y señoras empresarias, no nos tomen el pelo con un término tan utópico como etéreo, no quieren incrementar los salarios porque quieren enriquecerse desorbitadamente a costa de quienes trabajan para ustedes, ni son generosos, ni altruistas, nada de lo que hacen es voluntario, todo es producto de una regulación laboral propia de un estado de bienestar que quieren cargarse, así que hablen con propiedad, quieren seguir pagando salarios pírricos, mientras nos sacuden con ese salario emocional que no sirve para ir a la tienda de José a comprar garbanzos.
Pilar García Torres

