Ni dioses, reyes ni tribunos, por José Félix Sánchez-Satrústegui

Los hombres crearon a los dioses a su imagen y semejanza para que estos empujaran a aquellos a matarse entre sí en su nombre. Debemos reconocer que los inventores de los dioses y las religiones han conseguido un éxito casi imposible de igualar. Escriben centenares de cuentos con ínfulas de historia; inventan un creador de todo; sustituyen la razón por la fe, esa sinrazón, y nos prometen una vida eterna de la que nadie puede volver para contarnos que es mentira. Mientras tanto, millones de charlatanes viven del cuento y una muchedumbre de crédulos son convencidos para esperar una reparación celestial a sus penurias en la tierra, para que no peleen por la igualdad aquí, que ya la conseguirán en el más allá. Soy ateo, o sea.

Así opino, no quiero engañar a nadie, le dije a mi contertulio. Me crie en una familia cristiana y los valores que me intentaron inculcar mis padres se parecían a los que atribuyen a aquellos primeros cristianos, no a los que transmiten los creyentes de golpes en el pecho y protocolos de la vergüenza, es decir, todo lo que simbolizan Ayuso 7291 y demás ultracatólicos, tan parecidos al nacionalcatolicismo cínicocristiano del antañazo. La suma de patriotas de bandera con odio al compatriota que no es de los suyos y el rezandero que odia al que no reza contra Ferraz, Sánchez y el gobierno socialcomunista conforman el nacionalcatolicismo actual.

En estas pasadas fiestas han convivido en mi casa un portal de Belén, un árbol de Navidad y mi iconoclastia solsticial. No tengo ninguna animadversión hacia los creyentes, pero que no vayan de víctimas quienes llevan siglos intentando meternos a la fuerza su religión.

Mi contertulio, creyente cristiano, y católico anticlerical, asume algunas ideas leídas a Rafael Narbona, escritor al que también leo, y me habla del ateísmo como un dogma que no aguanta que alguien lo cuestione, que solo alberga certezas y apenas deja un margen a la duda. Dios designa la raíz última de lo real. Se dice que el universo surgió de la nada, pero lo cierto es que la naturaleza no proporciona ningún ejemplo de generación espontánea. Todo procede de algo. Curiosamente, esta clase de argumentos fueron los que ha empleado la teología para explicar qué es Dios. También me habla, con Narbona, del Dios menesteroso de Rilke, para quien es una metáfora de nuestra vida interior. Aunque acepto la metáfora, si se queda ahí, le hablo de las contradicciones de su religión, de que para dogmas los suyos; y opongo Big Bang a Dios.

Me dice que el verdadero cristiano practica valores de igualdad, equidad, justicia, solidaridad y tolerancia. Le contesto que yo comparto muchos de esos valores, y otros, desde mi negación de Dios. La conversación deriva, o surge, no sé, porque coincidimos en el rechazo a la denuncia por un delito contra los sentimientos religiosos a Broncano y Lalachús —la tía gorda esa, según Savater, tan fino él—, por parte del grupo ultraderechista Hazte Oír, tras mostrar antes de las campanadas de Nochevieja una estampa de una vaquilla del programa de TVE Grand Prix que simula la imagen del Sagrado Corazón de Jesús. A la denuncia se han sumado Abogados Cristianos y Vox. La estampa de la vaquilla no le ofendió a mi amigo, le pareció original. «Muy frágil tiene que ser la fe de algunos para sentirse ofendidos por esto», asegura. Odio al cristiano, y a cualquier ser humano, es dejar morir a 7.291 ancianos, porque se iban a morir igual, convenimos, así como que la Conferencia Episcopal Española y la jerarquía católica en general tienen una mentalidad reaccionaria y que tanto los obispos como los picapleitos cretinos y sus adláteres tienen la piel muy fina para sandeces, pero callaron ante la pederastia en la iglesia.

«Hasta cuándo se aprovecharán de nuestra paciencia», pregunta el arzobispo José Ángel Saiz. «Una vez más, la banalidad nos rodea», lamenta el arzobispo Luis Argüello. Un concejal del PP en Madrid también se sintió ofendido mientras otro del PSOE le contestó que no se le recuerda que estuviera molesto cuando un grafiti mostró en su mismo distrito a Ayuso en calidad de virgen con aureola como «Santa Isabel, protectora de la familia». Paciencia, banalidad y ofensa fácil de los que reaccionan con más dolor y rapidez ante una estampita satírica que ante el escándalo de la pedofilia en la Iglesia.

Nací en Estella-Lizarra y pronto nos trasladó La Estellesa a Badajoz en una emigración inversa, a contracorriente, donde me crie en aquellos años que se movían entre el miedo y el silencio impuestos por la dictadura. Me costó gran esfuerzo, aunque conseguí, debido a mis ganas de saber, sonsacar a mi madre y a mi abuela datos sobre mi abuelo, que había sido asesinado por unos fascistas junto a la tapia del cementerio tras ser sacado de la cárcel con nocturnidad, donde había ingresado por el único delito de militar en la Izquierda Republicana de Azaña. De nada le sirvió haber protegido, silenciando su escondite, casualmente descubierto por él, al jefe local de la Falange del pueblo donde vivía y trabajaba como zapatero. Su acto de humanidad no fue correspondido. Ocurrió en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero olvidarme, desde donde las dos supervivientes tuvieron que huir a Navarra.

Cuando muere el dictador, lo celebro con enorme alegría, como tantos. Cuando se lo comunico a mi abuela, encamada, se santigua, mira al techo y pronuncia una frase que no se me olvidará, aunque yo se la reprochara y no compartiera: «Dios lo haya perdonado, que yo lo hice hace tiempo». Perdonó, pero no olvidó la atroz muerte de su marido, tampoco la guerra ni la larga y cruel dictadura. Y yo sigo celebrando esa muerte que dio comienzo a todo lo demás.

Dos cuestiones: Una. Contra el olvido, memoria histórica. Dos. Claro que hay que celebrar la muerte del dictador asesino —estoy muy de acuerdo con el artículo de Marta Jaenes El miedo o por qué hay que conmemorar la muerte de Franco—.

«En 1975 España inició un largo y difícil camino para recuperar la democracia y la libertad. En 2025, cincuenta años después, queremos recordar el inicio de ese proceso colectivo y celebrar el país próspero, plural y democrático en el que nos hemos convertido», ha explicado la historiadora Carmina Gustrán, comisionada del Gobierno para coordinar los actos de celebración del 50 aniversario de la muerte del dictador. España en libertad. La derecha se niega a participar en los actos y se dedica a menospreciar la iniciativa. Ayuso, en su tono violento y vulgar, aseguró que Sánchez había enloquecido y lo acusó de querer quemar las calles. Feijóo, como siempre, no sabe cómo actuar. Vox acusa al Gobierno de necrofilia. Ya conocemos la relación natal del PP con la dictadura, y ahora por sus pactos con Vox para derogar las leyes de memoria histórica o aprobar otras que llaman de concordia, para sembrar discordia, y que no condenan el franquismo o equiparan a todas las víctimas por igual. M. Rajoy presumió de haber destinado «cero euros» de los presupuestos a financiar las exhumaciones de fosas comunes.

La ausencia de Felipe VI en el primer acto de esta conmemoración es imperdonable, como lo es que borrara de su discurso en la pasada Pascua Militar una alusión a la dictadura franquista. Esconderse en la niebla de la equidistancia entre la dictadura y sus víctimas es inmoral.

«Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo». Recordemos esta frase del filósofo Santayana inmortalizada a la entrada del campo de exterminio de Auschwitz.

Entre tanto, el mundo se gobierna desde la plutocracia, el neofascismo, la bulocracia, el acoso judicial, la tecnocasta o el genocidio impune. El delincuente Trump preside EE. UU. acompañado del superforrao Musk; el gobierno de Netanyahu extermina a los palestinos; la UE se disipa.

Sin entrar en el submundo de la miseria y la explotación de seres humanos y, sobre todo, de mujeres —qué decir de Afganistán y similares—, en España, como en otros tantos lugares, la ultraderecha gana posiciones, incluso entre la derecha tradicional y junto a un importante número de jueces, la canalla mediática y los poderes económicos pretenden llevarse «p’alante», como sea, al gobierno progresista elegido democráticamente. Mientras, la izquierda se blanquea y arruga o se sobreexcita y bunkeriza, según; y se pelea. Insisto: Agrupémonos todos.

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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