Europe´s «not» living a celebration. No es por llevarle la contraria a Rosa López y a la canción que representó a España en Eurovisión de 2002, tampoco quisiera darle la razón a Alvise y a Se Acabó La Fiesta (SALF), pero no hay motivos para celebraciones en Europa tras las elecciones del 9J, sobre todo por el crecimiento de los que no creen ni en ella ni en la democracia.
Los resultados confirman la derechización de la UE y la consolidación de la extrema derecha. El Partido Popular Europeo repite en primera posición, los socialdemócratas resisten y los liberales y los verdes experimentan una bajada sustancial; no obstante, el peor dato es el ascenso de la extrema derecha, que gana en Francia, Italia, Bélgica, Hungría y Austria, y crece en varios países. En Francia, Le Pen arrasa; en Alemania, la AfD se sitúa en segunda posición por detrás de la CDU. Aun así, se puede gobernar la UE sin la extrema derecha. Veremos.
En España, el PP gana y el PSOE pierde, ma non tropo en ambos casos. Aunque Feijóo resiste en su partido, no logra desbancar a Sánchez, por lo que el plebiscito no le salió bien a Feijóo. La estabilidad del Gobierno continúa dependiendo de lo mismo que antes de estas elecciones.
Siguiendo con el análisis español, la extrema derecha se consolida y aparece un agitador, Alvise, sin cerebro que le acompañe ni programa adjunto, paradigma del bulo, el insulto y la amenaza. Al estrambótico nombre de su partido, tanto como él, yo le añadiría uno más extravagante aún al nutrido grupo de sus votantes: Para Mear Y No Echar Gota (PMYNEG). Sus redabruptos, por ser tan frecuentes en redes, provocan «alzamientos» neuronales rápidos con excreción precoz de ocurrencias (jamás ideas) de gozo fugaz en una especie de cachondeo neuro-hormonal.
Sumar y Podemos continúan su camino hacia la autodestrucción, un hábito de esa izquierda. Quienes dirigen ambas formaciones, y quien le susurra a la segunda de ellas desde atrás, insisten en la Teoría de las dos orillas sin citarla. El exceso de arrogancia intelectual, como la de quien la introdujo y tanto daño hizo entonces, les hace decir que de izquierdas solo son ellos y quienes piensan y actúan como ellos, el resto está en la orilla conservadora. No aprendemos.
PPartido Judicial Español (PPJE). En sus distintas versiones, se ha volcado en la campaña del 9J.
La Comisión Permanente del Consejo General del PPoder Judicial (CGPPJ), muy ofendidita, pide «contención» a Pedro Sánchez —que no pide a Peinado, p. ej.— por sus críticas al juez que investiga a su esposa, mientras afirma que la carta que el presidente escribió el pasado 4 de junio «solo contribuye al deterioro de las instituciones y de la independencia judicial». Es normal que pida tal cosa; el citado órgano de los jueces ha demostrado un ejercicio de contención más que sobresaliente —¿sin deterioro de la institución que okupa?— para permanecer con el mandato caducado cinco años y no marcharse, además de llevar la gestión de esta nueva milicia togada. Juezas y Jueces para la Democracia, al fin, ha salido a criticar estas incoherencias del CGPPJ. Al juez Peinado y al TSJM, tan activos en campaña, los cito en los siguientes puntos.
Caso Begoña. Pese a los sorprendentes e inauditos esfuerzos del juez Peinado, no se ha aportado ni una sola prueba de delito o de irregularidad en la actuación de la pareja del presidente Sánchez. Así lo han advertido la Fiscalía y la UCO, pero la causa de Manos Limpias sigue adelante.
La providencia del magistrado Peinado respondiendo a la carta de Pedro Sánchez y justificando la citación de Begoña le «ha situado en una posición no decente; sabe muy poco de Derecho», en palabras de Pérez Royo, quien ha añadido que «no debería estar ocupando la función jurisdiccional que ocupa». Peinado, erre que erre, insiste con Begoña y acepta a regañadientes la investigación de la Fiscalía Europea, para beneficiar cuanto pueda al PP. Providencial.
El nuevo ciclo del rosario. Ferraz, y alrededores, se ha convertido en centro de referencia matritense para el rezo del rosario. Quién nos lo iba a decir. Uno, en su ignorancia, podría pensar en cualquier otro lugar más apropiado. Pues no, donde se ponga el nuevo centro de peregrinaje nazionalcatólico, es decir, la iglesia del Inmaculado Corazón de María, la cual, por casualidad, se halla muy cerca de la sede del PSOE, que se quite cualquier otro lugar de recogimiento y oración. Junto a Ferraz se rezan pedroestros —Pedro Sánchez es la musa de la derecha, su estro, la ardiente inspiración de los «artistas» del patrioterismo—, aveamnistías y begoñomarías junto a caralsoles brazo en alto acompañados de banderas tradicionalistas, rojigualdas gallináceas e, incluso, alguna foto de Franco. Después, se termina con los habituales «Pedro Sánchez hijo de puta, PSOE criminal», «no es un presidente, es un delincuente» y otros de similar jaez. También algunos contra Europa como «me la pela, la Unión Europea». «Los jóvenes no conocen la historia de este país y a los reyes católicos, ese es el problema», argumenta la que grita con una fotografía del dictador asesino en la mano. «Rezamos para salvar a España. Salvarla de ideologías perversas, como la ideología de género», añade. ¡Que no nos salven, porfa!
El acto celebrado durante la jornada de reflexión y el día de las elecciones europeas fue autorizado por el TSJM, tan divino él, al no encontrar razones fundadas que justifiquen que la concentración pudiera afectar a la neutralidad política exigible en tal fecha. Justicia tuerta.
En las imágenes de la quedada místico-pendenciera no se ve demasiada gente, quizá porque a muchos de ellos la instantánea les pilló levitando.
La costumbre rezadora comenzó en noviembre, cuando arrancó la ola de manifestaciones para protestar por la amnistía de los condenados por el procés —la implantación definitiva del rosario como un emblema del catolicismo se produce con ocasión de la Batalla de Lepanto (1571), que ahora cede el protagonismo a Ferraz—. Manifestantes cristianos decidieron culminar las marchas frente a la sede socialista en un acto presuntamente religioso organizado por José Andrés Calderón, abogado adjetivado como preconciliar, aunque yo creo que como ya Trento le pareció demasiado modernizador y decidió volver a las cavernas, le calificaría como troglodita. Este iluminado señala que «España no se entiende sin la cruz… Rezamos por la salvación de España y del mundo entero». «¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Santísima Virgen! ¡Viva la España católica!», acaba. La España que ora así, cuando se digna usar la cabeza solo sabe embestir.
O sea, el nazifascismo sube por culpa de los idiotas —me refiero a los tontos en su significado actual, unos masocas que votan a quienes les dañan, así como a los que se mantienen siempre al margen de la participación cívica, según su significado griego original—. Y para colmo, Aznar, autoproclamado Dios, llama a una movilización permanente contra el Gobierno, al que considera una coalición de ultraizquierda que quiere acabar con el orden constitucional y con la continuidad histórica de España. No se refiere solo a manifestaciones en la calle, sino que habla de «agentes proactivos» en cualquier nivel de la sociedad, como antes dijo que «el que pueda hacer, que haga». A mí me suena a lenguaje golpista, ¿o estoy muy quisquilloso?
Ojalá la derecha hiciera propuestas que rebatir y no insultos que combatir; habrá que responder a estos y a los bulos, pero, sobre todo, hay que hacer política. Desde la izquierda del PSOE se debe seguir empujando en la dirección de hacer políticas sociales más justas, por el feminismo, la igualdad y por unas pensiones dignas o una sanidad y una educación públicas. Debemos volver a la colaboración de las izquierdas para mantener el poder e impedir el paso a esa horrenda alianza PP-Vox que destroza derechos y libertades, así como recuperar la coherencia interna que, junto a su buen quehacer en general, aumente la credibilidad del Gobierno.
Intento acabar el artículo con algo de optimismo, el que nos trasmite Isaac Rosa: «Estoy convencido de que estas europeas serán un revulsivo para que instituciones, gobiernos y partidos democráticos dejen de facilitar el ascenso de la ultraderecha. Porque los ciudadanos no nos quedaremos mirando la ola». Pues eso.
José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

