Marzo, con M de mujer y otras emes, por José Félix Sánchez-Satrústegui

M de mujer. Solo debería ser festivo, pero es, sobre todo, reivindicativo por estar muy lejos aún el objetivo de igualdad entre hombres y mujeres, un derecho básico y fundamental. El pasado 8M, miles de personas recorrieron las calles de las principales ciudades españolas en las manifestaciones por el Día Internacional de la Mujer. La campaña Con M de Mujeres. Todas las Mujeres. Muévete pone el foco en su movilización a lo largo de la historia e invita a seguir avanzando en la igualdad. Porque sigue aumentando el número de mujeres maltratadas o muertas a causa de la violencia machista. Con eme de machismo, de maltrato y muerte.

Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez se reúne para aprobar medidas de calado relacionadas con la mujer, la igualdad y contra la violencia de género —recupera la ley de trata, amplía la protección de las víctimas de violencia machista y presentará a las CC. AA. un protocolo para que puedan elegir dónde abortar, entre otras—, Isabel Díaz Ayuso pretende banalizar el feminismo pidiendo «un día del hombre».

M de masacre y muerte, de mentiras y miserabilidad; también de magnanimidad. Se han cumplido veinte años de aquel terrorífico 11M y uno recuerda el porte mayestático de Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, sumida en el dolor, frente a las mentiras miserables del gobierno de Aznar sobre la autoría porque así pensaban que podrían ganar las elecciones tres días después —incluso movilizó al CNI, además de a los medios, para intentar vincular los atentados con ETA—. Los principales nombres que alentaron y sostuvieron las mentiras, además de Aznar y Acebes, fueron Pedro J., García-Abadillo, Jiménez Losantos, con los bulos en sus respectivos medios, y Esperanza Aguirre; aunque, ¡cuántos callaron! Pilar Manjón tuvo que soportar un acoso canalla cuando lloraba a su hijo asesinado en los atentados. El Mundo utilizó su militancia en CC. OO. para desacreditarla; lo peor fue lo que pasó en el Congreso de los Diputados el día que, en su calidad de presidenta de la asociación de afectados, intervino en la comisión de investigación. Lo cuenta ella: «Una chica del PSOE y Labordeta estaban llorando. Y por parte del PP, Vicente Martínez Pujalte, Eduardo Zaplana y no sé quién más, estaban leyendo prensa económica y riéndose». Después empezaron las amenazas de muerte. «Entre quienes me agredieron había un miembro de las juventudes del PP. Sus improperios no bajaban de “protoetarra, terrorista. ¡Qué bien te vino que reventaran a tu hijo!”». Frente a estas miserias, hay que destacar la enorme labor de profesionales y voluntarios en la ayuda a las víctimas.

Todo esto se cuenta en Voces del 11-M, víctimas de la mentira, escrito por Víctor Sampedro Blanco, catedrático de Comunicación Política. Los ingresos generados por los derechos de autor se destinarán a la asociación de afectados. Un gran artículo de Pablo Ordaz en El País Semanal, «El gran bulo», resume la información sobre el 11M.

M de moralidad distraída, mascarillas y más mentiras. Al poco de acabar las tractoradas —en las que a las justas reivindicaciones de los campesinos de bien se unieron los tractores de Fórmula (casi)Uno, negacionistas del cambio climático, nostálgicos del antañazo brazo en alto, esclavistas y aristócratas estrellas del papel cuché—, llegaron Koldo, Ábalos, el novio de Ayuso y el negocio de las mascarillas más caras por parte de los más caras de cada lugar. Corrupción sin paliativos.

No soy objetivo ni imparcial; tampoco soy partidario de la equidistancia puritana que procura no mojarse en nada. Opino, no informo —a esto deberían dedicarse otros, los profesionales de tal cosa que, en muchos casos, tampoco lo hacen—. Estoy en completo desacuerdo con la frase de que «todos los políticos son iguales», como no lo son los empresarios o los agricultores, por ejemplo. Sin embargo, sí que se puede afirmar eso de que «en todas partes cuecen habas, y en la mía, calderadas», como afirma el refrán. Y que cada uno debe aplicar en su casa la metodología contra la corrupción que pide a los demás. Todos y cada uno. Lo contrario es cinismo.

Ahora bien, tampoco está de más exponer las diferencias. La rápida actuación del PSOE con la expulsión de Ábalos —que debió asumir de inmediato su responsabilidad, de momento, política— contrasta con la del PP en situaciones similares o peores. No olvidemos que Feijóo heredó de Pablo Casado su puesto gracias a que este denunció el caso de las mascarillas del hermano de Barbie Madriles, la que, además, tiene en su haber la aplicación del protocolo de la vergüenza en las residencias a su cargo.

Las mentiras con las que ha intentado esconder y desviar la atención ante la acusación a su novio de delitos fiscales y falsedad documental pueden resumirse en el párrafo final de un gran artículo de Ignacio Escolar, Retrato de un comisionista con presidenta al fondo: «Cuánta desvergüenza. Cuánta hipocresía. Cuánta doble moral». A la presidenta parece que le gusta más el olor cercano a chorizo que la fruta.  

Con eme de matón, MAR, el jefe de gabinete de Ayuso, amenaza a una periodista de elDiario.es por las informaciones sobre los fraudes del novio de su jefa. «Os vamos a triturar. Vais a tener que cerrar. Idiotas. Que os den», le dice. Es su idea de la libertad.

Conviene recomendar a quienes puedan incurrir en corrupción o ser afectados por ella la lectura del libro Combatir la corrupción, de Manuel Villoria, catedrático de Ciencia Política y de la Administración. En la citada obra, define el concepto y explica qué es y qué no es corrupción, propone métodos de medición, enumera sus causas y consecuencias y aporta algunas ideas sobre cómo prevenirla y luchar contra ella. En las conclusiones, afirma que la mayoría de los fracasos de los métodos para combatirla se deben a la falta de voluntad política y hace un llamamiento a la sociedad civil para rechazar las prácticas corruptas y sancionar a políticos y empresarios implicados.

En el artículo Corrupción y liderazgo público, el mismo autor concluye que es necesario que las personas que dirigen los partidos, máxime si están gobernando, recuperen el interés general como guía de sus acciones; que el interés general debe guiar también la mediación política y, finalmente, que la construcción de la agenda gubernamental y la toma de decisiones públicas deben estar guiadas por el interés general, pero para evitar el solipsismo es preciso abrir las puertas del Gobierno a la rendición de cuentas y a la participación ciudadana: hay que explicar, informar, escuchar, conocer… Acudamos a expertos como Villoria y tengan la voluntad política de hacer frente a la corrupción, esa gran amenaza para la democracia. Todos.

Con eme de mirada, de miradas esquivas, mirar hacia otro lado y no abrir los ojos a lo que hay que ver. Soledad Gallego-Díaz escribe en Lo que realmente importa: Ucrania y Palestina que la invasión de Ucrania por la Rusia de Putin y la masacre de Gaza por la Israel de Netanyahu por cercanas e inhumanas deberían centrar más nuestra atención que los problemas políticos internos, algunos de ellos muy serios. El mismo día, Rosa Montero, en cambio, en El dolor del vecino cuenta la muerte de un hombre de 56 años y de su madre de 87 años, discapacitada, que él cuidaba, y que murió de hambre y sed en su cama sin poder pedir ayuda. Descubrieron los cadáveres un mes más tarde. Esto ocurría en un piso del centro de Madrid. Rosa Montero habla de falta de implicación con nuestro entorno y acaba así: «Nos espantamos con la matanza de la lejana Gaza (que sin duda hay que hacerlo), pero no somos capaces de interesarnos por el dolor vecino». Pudieran parecer opiniones opuestas, no lo son . En mi opinión, solo aportan dos puntos de vista —sí, de vista— sobre un mismo problema: mirar hacia otro lado para no ver.

No quería terminar con una eme escatológica. Prefería hacerlo con la eme de movilización continua para enfrentarnos a tanta… mierda. Al final lo hice, o sea.

José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

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