Navidad Satánica, por Pilar García Torres

Mientras en occidente celebramos la navidad y nuestros niños reciben muchos más regalos de los que podrán disfrutar en varias vidas, los niños palestinos reciben bombas que desmiembran sus cuerpecitos sin ningún tipo de anestesia.

Mientras nuestros niños cantan y las nubes se levantan y juegan al corro de la patata con aquel achupé, achupé, sentadita me quedé, a los niños palestinos les llueven bombas que les dejan tumbados y sin vida para siempre.

Mientras consumimos más comida, bebida y productos innecesarios como si no hubiera un mañana, para los niños palestinos ya no existe ese mañana, ni siquiera existe el hoy porque se lo han arrebatado los monstruos reales que ocupan su territorio.

Mientras nuestros niños preadolescentes juegan con sus móviles o consolas, los preadolescentes palestinos son detenidos y hechos presos por el ejército israelí, esa manada de bestias armadas hasta los dientes contra niños indefensos y aterrorizados.

Más de veinte mil muertos, casi la mitad niños, ante la mirada impasible de la sociedad civilizada, la codicia de Israel no tiene límites, su odio tampoco, porque realmente piensan que son el «pueblo elegido» y yo me pregunto ¿Por Satán? A menudo pienso que aprendieron bien de sus verdugos, otras ni siquiera me atrevo a expresar lo que llena mi cabeza, porque seguro que no está bien, pero lo pienso.

Mala gente que camina, que diría el maestro Machado (Don Antonio por supuesto) o el otro grande contemporáneo en la obra del mismo título que me enganchó a sus letras (Benjamín Prado)

¿Hasta cuándo está barbarie? ¿Cuántos palestinos tienen que morir para que el monstruo israelí sacie su sed de venganza? De momento ha multiplicado por veinte las víctimas y no va a parar hasta acabar con ellos y el resto mira tan atónito como cuando Hitler empezó a perseguir a los judíos, no quiero recordaros cómo acabó aquello.

Entonces nadie se movía porque los judíos acaparaban gran parte de la economía que producía la usura y a algunos no les venía mal, hoy nadie manda a los cascos azules a Palestina para pacificar por un motivo similar, aquellos victimizados, justamente por supuesto por el holocausto, siguieron amasando fortunas que hoy acogotan a los gobiernos ¿Quién los va a parar? Seguiremos esperando el milagro de la navidad.

Por si todo lo anterior fuera poco, Europa pacta cómo poner precio a las personas migrantes, 20.000€ es el valor de una vida humana que no sea europea. Me recuerda aquella canción de El Rastro de Patxi Andión, las más jóvenes no lo conoceréis, decía “Una dos y tres, una dos y tres lo que usted no quiera para el Rastro es” así tratamos a los seres humanos.

A ver si nos aclaramos, primero entramos en África o Asia y esquilmamos sus posibilidades de subsistencia, los recursos naturales nos los quedamos, la riqueza del país queda en nuestras manos. Cuando ya hemos acabado con todo, ponemos a unos contra otros, guerrean, las personas huyen de esos países diezmados por el hambre y la guerra y los mismos países que les robaron el futuro, les niegan el pan y la sal, bueno la sal no, porque la mayoría muere en el Mediterráneo.

¿De verdad que tenemos cuajo de celebrar unas navidades tan sangrientas como éstas? Israel provocando a todo el mundo árabe, Putin y Celenski jugando al Risk, los productores de petróleo siendo anfitriones de una cumbre sobre el cambio climático, las petroleras en esa misma cumbre ¿Qué podría salir mal?

Siento tanta vergüenza del ser humano, sobre todo el dominante, que cada vez tengo más ganas de exiliarme a un planeta desconocido dónde nadie me encontrara. Cada vez que escucho a los que dicen representar al pueblo, que digo yo será a su pueblo, o sea, al que vive dentro de su casa o está en su grupo de wasap de la familia o amigos, me dan ganas de vomitar.

El problema es que no sólo es en este pequeño país donde la mediocridad se ha instalado en las pantallas y los micrófonos, la mentira está en el ADN de la comunicación audiovisual y escrita, ganan elecciones partidos que son apoyados descaradamente por las élites económicas del país, o de los países y a pesar de todo este apoyo mediático, no son capaces de empatizar con quienes les votan.

Ayer me levanté como siempre escuchando la radio y pensé “este gobierno sí me representa” la noticia era la compra de acciones de Telefónica por parte del mismo, dije; al fin se han dado cuenta de que las empresas estratégicas para el país no pueden estar sólo en manos privadas, a ver si tiene ovarios ya que hay tantas mujeres en él y hacen lo mismo con las energéticas, la banca, etc.

Qué poco me duró la empatía con el gobierno, hasta la tarde nada más, cuando vi al presidente más inteligente, siempre en mi opinión y aunque nunca le vote, congratularse por el acuerdo “contra la inmigración” porque lo es, un acuerdo que mercantiliza la vida humana y la vende al mejor postor, ya sé que me he ido de una a otra noticia, pero es que la realidad es tozuda y las pocas alegrías que te dan los que mandan, te las quitan al minuto siguiente.

Y acabo, no es mi intención amargaros la navidad, o sí, no lo sé, pero desde luego lo que si me ha llevado a escribir este artículo es la de haceros reflexionar sobre lo que está pasando en el mundo, más allá de nuestro salón repleto de manjares, de la alegría de estar con nuestros seres queridos y que recapacitéis que en Palestina, Rusia, Ucrania, Yemen, Mali y seguro que me olvido de muchos más, el domingo ciento de miles de personas no podrán cenar con sus familias en este año porque habrán sido asesinadas.

Pilar García Torres

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