La rueda de la violencia machista, por Onintze Arrastia

España gana el Mundial de Fútbol Femenino.  Las cámaras televisivas captan en imagen como Luis Rubiales, presidente de la Federación de Fútbol Española, agarra a la jugadora Jenni Hermoso de la cabeza y le planta un beso en la boca sin ningún tipo de consentimiento por parte de ella. A partir de ahí los medios de comunicación, financiados por élites económicas y políticas, hacen todo lo posible por acallar las bocas de quienes, con total justificación, denuncian este hecho y acusan a Rubiales de abusar sexualmente de Jenni.

Ésta es la actitud de un hombre que aprovecha su superioridad y su poder para hacer lo que quiere cuando quiere con total impunidad, ante los aplausos de gente que legitima este hecho y que ve el cuerpo de una mujer como medio de celebración, aún cuando esa mujer acaba de lograr algo histórico. Esta es la actitud que los hombres reproducen una y otra vez impulsados por una cultura machista sistemática. Por eso, estas actitudes no son algo fuera de lo común, más bien, están totalmente normalizadas en la sociedad. Ver a Rubiales agarrar de esa manera a Jenni me recordó a la cantidad de violencia sexual que soportamos las mujeres en nuestro día a día, muchas veces por parte de desconocidos, otras tantas por parte de “amigos” y conocidos.

En entornos festivos o de ocio, en casa o en el trabajo; la rueda de la violencia machista gira y no para de girar. La conciencia feminista se queda corta en cuanto a denunciar hechos tan normalizados como lo es agarrar a una chica del culo o plantarle un “piquito” sin consentimiento. Y es que cuando el hecho en sí viene por parte de conocidos se normaliza aún más, llegando incluso a legitimarlo. Se trata de ese amigo no tan amigo que ve la oportunidad para meter mano donde puede, que actúa como protector ante las actitudes machistas de otros hombres pero acaba convirtiéndose en tu mayor acosador. “Las tías también hacéis eso con nosotros”, me han llegado a decir. Ante eso, aclaremos una cosa: los “tíos” no sois objeto de cosificación por parte de la cultura machista. Hacer eso a una persona sin su consentimiento esta mal, sí, pero seamos conscientes de la jerarquía sexual establecida en la sociedad capitalista actual.

El caso de Rubiales ha dado qué hablar, llegando también a las esferas de la política profesional. Políticos de la izquierda parlamentaria han pedido la dimisión del presidente de la Federación, pero eso sí, sin poner en duda la estructura de la institución de la que son parte este tipo de hombres. Hemos visto también a Irene Montero, Ministra de Igualdad, instrumentalizando el caso para defender la polémica ley del ´”solo sí es sí”, hablando de que sin esta ley no se podría haber denunciado el hecho, por la importancia que ahora se le da al consentimiento a la hora de denunciar. Sin entrar a debatir en términos jurídicos sobre la veracidad de las palabras de la ministra, quiero dejar claro una vez más que la violencia machista es propia del capitalismo, y por eso mismo encontramos límites en todas las leyes que se aplican, en todas las sentencias penales y en todas las reformas legales.

Eso no quiere decir que entre tanto no debamos combatirla. Ante casos como el de Rubiales y el de otros tantos hombres, ya sean amigos o no, actuemos. Se puede actuar de manera individual, pero como militante de Itaia sé de sobra que en la organización se encuentra la clave. En Itaia hemos ido creando mecanismos y herramientas para que nosotras, las mujeres de la clase trabajadora, tengamos la capacidad de hacerle frente individualmente  y con efectividad. Ese es el primer paso para la erradicación total de la violencia machista, para que la rueda deje de girar por siempre.

Onintze Arrastia Mauleon

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