Comienzo con las palabras de Eva Amaral en el festival Sonorama, momentos antes de sacar las tetas al aire: “Esto es por Rocío. Por Rigoberta. Por Zahara. Por Miren. Por Bebe. Por todas nosotras. Porque nadie nos puede arrebatar la dignidad de nuestra desnudez. La dignidad de nuestra fragilidad, de nuestra fortaleza. Porque somos demasiadas. Y no podrán pasar por encima de la vida que queremos heredar. Donde no tenga miedo a decir lo que pienso. Porque hoy es el día de la revolución”. Después cantó su tema Revolución. Solo fue un acto, nada más y nada menos que un acto reivindicativo de la libertad, tan necesaria siempre, más aún en estos tiempos en los que la extrema derecha se extiende por el mundo y en España PPVox se dedica a cercenar derechos y libertades. Mujer tenía que ser.
La derecha no sabe perder; de hecho, cuando pierde, intenta mantener a toda costa, incluso anticonstitucionalmente, el poder judicial, aparte de que siempre le apoya el económico. Tampoco sabe ganar. Lo que sucedió el 23J es que el PP ganó en votos, pero no parece que pueda conseguir los apoyos suficientes para gobernar. Veremos. El optimismo previo devino en desilusión por no llegar a alcanzar el objetivo de una mayoría suficiente ni siquiera con Vox. La victoria fue calificada por algunos opinantes como pírrica, signifique lo que signifique pírrica. La propuesta estrella del moderado Feijóo de que gobierne la lista más votada (solo cuando ellos son los más votados, claro) es un recurso desesperado: en nuestra democracia parlamentaria gobierna quien más apoyos suma en el Congreso. No sabemos si habrá investidura de uno con embestidura contra el otro o repetición de elecciones; de momento, el bloque progresista ha conseguido la mayoría absoluta para la presidencia del Congreso en la persona de la socialista Francina Armengol. A estas alturas no se sabe qué pasará con la formación de gobierno, qué decidirá Junts (esa máquina de fabricar hipernacionalistas españoles, como PPVox es la máquina de fabricar independentistas catalanes).
La extrema derecha sigue marcando el paso de toda la derecha, que no supo ni quiso desligarse del franquismo. Ocurre no solo porque Vox apriete, sino porque el ala más extrema de la derecha del PP también lo hace. Se desconocen las consecuencias internas que podría tener no poder formar gobierno en algunos partidos. Se ignora si Ayuso pasará de la sonrisa cínica a un nuevo «aplauñalamiento» como hizo con Casado. Sánchez, tan resistente, podría aguantar salvo que la repetición electoral lo llevara a la derrota. Podemos anda metido en despidos y cierres de sedes tras la pérdida de ingresos (espero que se integre del todo en Sumar y no se dedique a restar). En Vox, la caída en picado ha provocado movimientos y ha llevado a Espinosa de los Monteros a dejar el Congreso y la cúpula de su partido. Dicen que este es más liberal que el nuevo hombre fuerte de Abascal, Buxadé, mucho más tradicionalista, por decirlo de forma suave. Reconozco mi incapacidad para encontrar tales matices diferenciadores entre ambos personajes.
Mientras tanto, «Chucky» Gamarra y «Thanos» García Adanero, que representan la agresividad gestual del PP antes incluso de empezar a gruñir, siguen a lo suyo. Lo que sueltan por la boca es, por norma general, tan áspero que no precisaría añadirle esa muestra de poderío dental como para calificarlo así. Pero lo hacen; aunque su gesto desagrade y pretenda asustar, lo peor son los mensajes de fondo que lanzan entre dentelladas. Rafael Hernando, al verse sustituido en el liderazgo de los malos modos en el PP, ha reaccionado mediante su ya conocida mala educación llamando con desprecio «bonitas» y «ofendiditas» a dos ministras por carecer, según él, de los más mínimos rudimentos aritméticos al no reconocer la victoria electoral de Feijóo, cuando es él quien además de no saber sumar ignora la Constitución. «Machismo repugnante», le contesta Pilar Alegría con toda la razón.
En la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Lisboa durante la visita del papa Francisco, jóvenes españoles acuden coreando «que te vote Txapote» y cantan el «Cara al sol» en plena pasión místico-fascista. Es de suponer que la enseñanza religiosa que reciben, en famosos y caros colegios privados muchos de ellos, va acompañada de una especie de Formación del Espíritu Nacional como antañazo. Formación nacionalcatólica franquista completa, o sea. Como cuando entonces a uno le obligaban a cantar tal canción falangista y a rezar a diario en la escuela pública impúdica. «Volverán las oscuras moralinas / y los himnos fieros a berrear».
Como cada 15 de agosto acudo en Badajoz al homenaje a las víctimas de la masacre ocurrida en 1936 tras la entrada de las tropas franquistas en la ciudad y de la represión posterior. Memoria histórica frente a olvido histórico y derecha histérica. No pensamos renunciar al recuerdo y a la verdad histórica. Que os conste, gobiernos fachas de PPVox.
Que un torero franquista asuma las competencias de cultura en Valencia conlleva una incompatibilidad intelectual que provoca chirrido entre neuronas. Aragón, el principal laboratorio de la involución PPVox, según lo define Rosa María Artal, coloca de vicepresidente a un fanático opositor de la ley de Memoria Democrática y se venga del rojerío retirando la subvención a la Fundación Labordeta. En Extremadura, la falsérrima presidenta María Guardiola, con un gobierno PPVox, pone la sanidad y la dependencia en manos de profesionales de los seguros médicos y las residencias privadas (imita a Ayuso en su fe privatizadora) e impide que los altos cargos comparezcan en la Asamblea para informar sobre su formación, trayectoria profesional, renta y bienes a los diputados y diputadas de todos los grupos parlamentarios. Además, Vox usa los medios públicos extremeños para hacer propaganda. Lo de Madrid (que no necesita a Vox, Ayuso se sobra para aplicar políticas derechísimas) y Castilla y León por conocido no deja de ser lacerante. Murcia duda. Por el contrario, María Chivite logra un gobierno progresista en Navarra. Mi aplauso a todos los que lo han hecho posible.
De momento no parece que hayan lanzado el grito de ¡muera la inteligencia!, pero los gobiernos locales y autonómicos de PPVox están aplicando la base intelectual (es un decir) de tal idea (es otro decir), censurando la cultura, negando el cambio climático y el progreso científico, enmascarando la violencia machista y prohibiendo la memoria histórica.
La Sala de Vacaciones del Tribunal Constitucional (TC), presidida por Concepción Espejel, amiga de Cospedal y más pepera que Fraga, aprovechando que tiene mayoría conservadora en verano, lo que no ocurre si se convoca el pleno del TC, decide rechazar el recurso de amparo de Carles Puigdemont contra la decisión del juez Llarena de solicitar su extradición para ser juzgado en España por malversación. La injustificable decisión, que pretende montar una bronca con este asunto alrededor de la posible formación de gobierno por Pedro Sánchez (y no deja de ser una desfachatez en opinión de Pérez Royo), se enmarca dentro de lo que definió de manera gráfica Pedro Pacheco en 1985, cuando era alcalde de Jerez: «La justicia es un cachondeo». Fachondeo, diría yo.
Para justificar el título de este artículo de opinión, sobre política y politiqueo, terminaré por donde empecé, por las tetas. Raquel Marcos Oliva, en su artículo Las tetas sí son revolucionarias, escribe: «Enseñar las tetas sigue siendo noticiable y un tema de debate, especialmente cuando el acto de exhibición se separa del sexo y del pensamiento pornográfico y no tiene como objetivo el recreo onanista del público masculino». Normalicemos las tetas mientras normalizamos la democracia, o sea.
José Félix Sánchez-Satrústegui Fernández

