Abárzuza y Sesma,  participan en Landarte 2019, que se celebra bajo el hilo conductor de la memoria

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Se trata de la tercera edición del programa de arte y ruralidad del Gobierno de Navarra, en el que artistas locales desarrollan una obra con los y las vecinas de los pueblos participantes

Landarte, el programa de arte y ruralidad del Gobierno de Navarra, llega a su tercera edición con una imagen renovada y bajo el hilo conductor de la memoria. “La memoria encontrada” es el lema que conectará los proyectos que se van a llevar a cabo en este 2019 en ocho localidades del medio rural de la Comunidad Foral. Todos ellos dirigidos y acompañados por artistas residentes de nuestro entorno geográfico, que desarrollarán las diferentes obras artísticas en colaboración con las vecinas y los vecinos de los pueblos participantes.

Landarte 2019 cuenta con la participación de las siguientes localidades y artistas: Abárzuza / Abartzuza, con Ricardo Laspidea; Ablitas, con el estudio de arquitectura Orekari; Valle de Egüés / Eguesibar, con Josu Zapata; Biurrun-Olcoz, con Marisa Serrano y la compañía Fueradeleje; Auritz-Burguete, con Teresa Sabaté y Virginia Santos; Cabanillas, con Irati Fernández y Nerea Aguado; y Eslava, con Félix Zaratiegui y Natxo del Castillo. Además, el Servicio de Museos, en colaboración con el programa de arte y ruralidad, organiza el proyecto de Sesma con la artista plástica Mari José Recalde.

La directora del Servicio de Acción Cultural, María del Carmen Oroz Iribarren, y el director de Servicio de Innovación y Conocimiento en sostenibilidad territorial y ambiental, Joaquín del Valle de Lersundi, han presentado Landarte 2019, en el que colaboran el Servicio de Museos, el Departamento de Desarrollo Rural, Medio Ambiente y Administración Local y la Fundación Jorge Oteiza. En concreto, Medio Ambiente colabora en los proyectos del Vallé de Egüés, Auritz-Burguete y Sesma, con el objetivo de contribuir a un Landarte más sostenible a través de las obras propuestas por los y las artistas que versan sobre lo urbano y lo rural, el esparto o el patrimonio natural y arqueológico. Y la Fundación Jorge Oteiza prestará el espacio para celebrar los talleres en el Valle de Egüés.

Además, varias de las localidades participantes en esta edición repiten experiencia en Landarte. Es el caso de Sesma, Abárzuza y Eslava.

El programa Landarte mantiene su objetivo de implicar a la población local del medio rural de Navarra en un proyecto cultural participativo que fusione actividades artísticas acompañadas por artistas residentes. De esta forma se activa un proceso creativo e innovador que se desarrolla a través de talleres y que culmina en diversas puestas en escena. Con ello se persigue que, a través de la implicación de sus protagonistas, los proyectos puedan evolucionar hacia proyectos de desarrollo económico. Y siempre poniendo en valor el auzolan o trabajo cooperativo-colectivo, el patrimonio de la localidad y contribuyendo a forjar la identidad local.

Perspectiva de género

Entre las novedades de este año, cabe destacar, por un lado, que Landarte se presenta con una imagen más colorida y fresca. Y, por otro, la inclusión de la perspectiva de género, tanto en los proyectos, como en el propio programa, mediante mensajes en torno a la igualdad entre hombres y mujeres, la selección de los y las artistas y la recogida de datos de participación desglosados por sexo.

En cuanto a la temática de las obras, las ocho localidades y sus proyectos artísticos, se conectan a través del hilo conductor de la memoria. Las piezas participativas de arte contemporáneo que llevarán a cabo las y los artistas, hablarán del recuerdo, de la huella, de la construcción y la reconstrucción de la identidad, del poder inmaterial del pasado y su recuperación. Landarte propone un recorrido minucioso y consciente por las fases de la memoria:

– Primera fase: leer el pasado con la mayor nitidez. Se puede delimitar qué ocurrió a través de los documentos (fotografías, hojas encontradas, documentos firmados, etc.) y también desde la memoria de las personas, de quienes nos rodean o en los libros que son también nuestras vecinas y vecinos.

– Segunda fase: decir la memoria. Una memoria ocultada, una memoria en silencio, no es memoria del todo. La memoria dicha es la memoria viva. Así pues, recordar es decir el recuerdo, escribirlo de nuevo, darlo a conocer, compartirlo.

– Tercera fase: la permanencia. Recordar es ser configurado por el pasado, porque el recuerdo, la memoria, está presente en el acontecer cotidiano. Aquello que ha sucedido, del lugar de donde venimos, es parte de nuestra identidad. Y la identidad se sostiene en el tiempo, porque el pasado permanece en nuestro tiempo y lo traspasa.

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