La noticia de la muerte de Forges nos ha dejado tristes en la mañana de hoy jueves y un poquito más huérfanos de sonrisas en esta febrero frío y desolado. Con Antonio Fraguas de Pablo se muere un trocito singular del sentido del humor, entendido como demostración clarividente de la inteligencia. Con él muere una manera de entender la sociedad desde la crítica mordaz y reflexiva. Desde hoy puede que seamos menos lúcidos, menos contemplativos, menos mordaces y quizás, espero que no, menos libres. Lo digo porque su ausencia nos hará pensar menos y ese es el peligro que algunos anhelan y pregonan. !!!GOOOOL!!!
Hoy se nos han muerto esos señores calvos con sombrero, a quienes les seguirá pesando España, se han ido el padre y el hijo que miran las puestas de sol en un cielo despejado de sospechas. Mueren también, las señoras enlutadas que envuelven su cabeza en el negro pañuelo de la resignación castellana. Pero a la vez seguiremos en guardia frente a los rotundos individuos de negras gafas de sol y chaquetas cruzadas, esos que sólo se sonríen a sí mismos. Tendremos cuidado con esos pijos de pelo engominado, peinados hacia atrás que nos piden el voto cada 4 años a cambio de un encanto que no vemos por ningún lado y que a tantos encanta.
Es como si hoy se hubieran ahogado aquellos dos náufragos que creíamos eternos porque ya no les crecía más la barba, cuando después de este diálogo nos dejaban a todos preocupados y conscientes.
-¿Qué te ha dicho el médico?
-Que huya.
Pues eso.
Gracias Forges, por hacernos pensar desde la sonrisa que estamos compartiendo.


