A mí me gustan los cambios en el ayuntamiento. Por Félix Goikotxeta.

 

f.g.v

Todo no va a ser malo este año, al menos en lo que se refiere a nuestro ayuntamiento, criticado por los de siempre y alabado por los suyos.

Los cambios realizados, algunos de prueba, por el equipo de gobierno, están dando ya sus frutos. Por ejemplo los de los árboles del paseo de la inmaculada.

A nivel de la policía municipal también los cambios van a ser notorios, no del todo. Y lo explico. Según fuentes municipales, se está creando una brigada “antimanteros”, de hecho dos parejas de municipales han viajado a Perú, para ver “in situ” como trabajan esas peligrosas mafias que arruinan al comercio estellés. A su vez aprovecharán para coger color y acento peruano. Además el ayuntamiento sustituirá la clásica gorra de munipa, por el gorro con trenzas peruano. El resultado se verá en fiestas de Estella, donde se espera que acudan los más peligrosos manteros del mundo a una convención de la MU.(Manteros Unidos) en el que el principal conferenciante será un tal “JUAN”.

En el tema cultural, la vieja Lizarra está más viva que nunca, y aquí no puedo evitar nombrar a sus dos principales impulsores. Juan Andrés Pastor y Daniel Albors, que además de impulsar encuentros poéticos e ilustrativos, están desarrollando un proyecto/albergue para los y las poetas que pasan hambre y sed. De todos y todas es sabido las penurias que pasan los poetas, los buenos, los de antes. No como ahora que los poetas van a los premios en limousinas y beben bourbon. No, el asunto, con el que está de acuerdo el equipo de gobierno, “es volver al poeta de antes”, al sin techo, al que escribía versos en tabernas tenebrosas en los puertos de mar las grandes ciudades, de costa claro.

Para eso, estos dos promotores de la cultura de Lizarra, han pedido permiso, permiso concedido, al ayuntamiento de Estella-Lizarra, para abrir al público en general y a los poetas pobres en particular, el bar “EL BODEGÓN” que es lo más parecido a una taberna de puerto de mar que tenemos en Estella. También se habla de montar un fumadero de opio. Pero esto sería en secreto.

En seguridad ciudadana, el alcalde, siguiendo el ejemplo de José Luís Castejón, intentará que los y las jóvenes que delincan en la ciudad lo paguen con trabajos sociales.

Por ejemplo, si una persona le hace un corte con una navaja en una pelea a otra, el castigo sería estar una semana, o dos, depende del corte, en el quiosco de la plaza San Juan, pelando uno o dos camiones de cebollas. Así, si no se arrepienten, por lo menos llorarán.

En delitos como de carterista, a los y las que lo cometan, se les obligará a pasar a viejecitos y viejecitas, los pasos de cebra, o a llevarles la compra a casa. Se ha pensado que esto es muy arriesgado, ya que, pueden caer en la tentación de robar la cartera a esas personas indefensas, pero es que hasta ahora no se ha pensado en otra forma de reinsertarlos en la sociedad.

Seguramente faltarán muchas cosas por hacer, pero para mi, para empezar está bien.

Félix Goikotxeta Vega

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