A Miguel Hernández. Por Juan Andrés Pastor.

asteria buzoneo sep 16

Hoy cumplimos 75 años sin ti. A tu memoria y tu verdad y a quienes no pudieron callarte.

Estando preso en la cárcel de Sevilla en 1939, Miguel Hernández recibe una carta de su mujer, Josefina Manresa, en la que le cuenta que ella y su niño de apenas ocho meses solo tienen para comer pan y cebolla.

Su primer hijo acababa de morir a la edad de dos años. El poeta escribe entonces las Nanas de la Cebolla, un poema desgarrador en el que el autor atraviesa diversos estados de ánimo relatados con melancolía, aunque sin resignación y esperanzado.

El padre dibuja al niño durmiendo así:

“En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.”
A su mujer llorando:
“Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.”

Miguel encarcelado no está preso de la tristeza, sus captores tendrán que dejarle morir para vencerle y es en ese momento, cuando encuentran la derrota. El pastor poeta ya les había ganado con antelación entre las risas de su hijo.

“Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.”

Desde Sevilla es trasladado a Madrid y gracias a las gestiones de Pablo Neruda es inesperadamente puesto en libertad. Regresa a su pueblo, Orihuela, y allí es nuevamente detenido.

Juzgado en Madrid es condenado a muerte y posteriormente le es conmutada la pena por otra de 30 años de trabajos forzados.

En septiembre de 1940 está preso en Palencia, en noviembre en Ocaña (Toledo). En Alicante comparte celda con Buero Vallejo. Allí enferma de bronquitis, luego de tifus, contrae la tuberculosis y fallece el 28 de marzo de 1942, con el cuerpo cubierto de llagas y sin poder hablar por culpa de una dolorosa infección de garganta que le ha dejado casi mudo.

Se cuenta que una vez muerto no fue posible cerrarle los ojos. Tenía 31 años. Su amigo Vicente Aleixandre escribe un poema en su memoria:

“Tus grandes ojos azules
abiertos se quedaron bajo el vacío ignorante,
cielo de losa oscura,
masa total que lenta desciende y te aboveda,
cuerpo tú solo, inmenso,
único hoy en la Tierra,
que contigo apretado por los soles escapa.”

En 1939, en Valencia se había terminado de imprimir el poemario titulado “El hombre acecha” la guerra termina y el libro está sin encuadernar.

Una comisión depuradora de los vencedores fascistas presidida por Joaquín de Entrambasaguas decide destruir por completo la edición. Se salvan dos ejemplares gracias a los cuales éste se puede reeditar en 1981.

En este 2017 se cumplen 78 años de la primera edición del último libro de Miguel Hernández.

Poemas escritos tras tres años de guerra, de muerte, de barbarie.

En el libro hay espacio para el amor, la reconciliación, nunca para el odio, sí para una esperanza que lejos de salvarle la vida, le salvó la muerte.

Hernández nos dejó los ojos abiertos y la palabra en la boca.

Canción última

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana

su intensa enredadera
nocturna, perfumada.
El odio se amortigua
detrás de la ventana.

Será la garra suave.
Dejadme la esperanza.

Miguel Hernández 1910-1942.
El hombre acecha.

 

Juan Andrés Pastor

 

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Un comentario en “A Miguel Hernández. Por Juan Andrés Pastor.

  1. Un magnifico homenaje, me encantaron los poemas elegidos. De todo tu articulo me quedo con esta parte en especial.
    “En el libro hay espacio para el amor, la reconciliación, nunca para el odio, sí para una esperanza que lejos de salvarle la vida, le salvó la muerte.”
    Un Gusto leerte Juan Andres.
    Reme Gras.

    Me gusta

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