La utópica soberbia de Vista Alegre II al Gobierno de Navarra. Por Miguel Bujanda.

 

whatsapp-image-2017-02-24-at-17-53-36“¿Para qué sirve la utopía?” Yo también me lo pregunto siempre. Porque está en el horizonte. Y si yo camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Y si yo me acerco diez pasos, ella se coloca diez pasos más allá. Lo curioso es que estos cuestionamientos del perfil, de la personalidad, de las ideas y de las convicciones democráticas de Iglesias, no impide a los cuestionadores respaldar al líder PODEMOS como compañeros de la “fórmula ideal” con la cual tiene asegurada la elección.

¿Nadie siente ningún conflicto en compartir la misma nave con quien despierta tantas dudas y temores? Parece que no, es una guerra de sillas, de gestos, no de políticas. No de soluciones, sólo populismo rancio y viejo. Ahora bien, si Errejón acepta ser el segundo de a bordo, a no ser que decidan una purga por su osadía…, estas dudas, que no son poca cosa, se olvidan y todo pasa a ser el mundo de Irene en el país de las maravillas.

Escuchar a Pablo iglesias o a otros miembros de ese conglomerado llamado PODEMOS, implica soportar amañados discursos que repiten consignas de pertenencia a supuestas izquierdas. Son todos tan de izquierdas que el resto, nosotros, cualquiera fuera nuestra posición y nuestra historia, quedamos siempre denostados entre las oligarquías, los principios y los monopolios. Y lo dicen sin ponerse colorados. Como si ellos, los que gobiernan y viven como nuevos ricos, se hubieran comprado entre otras cosas también un pasado, que obvia muchas cosas entre ellas la modélica transición española. Como si el poder y sus prebendas ocuparan el lugar de lo heroico y lo digno, sólo si lo ocupan ellos y es sucio y falso si lo ejercen otros. ¡Qué soberbios son!

Como nos los advirtiera Karl Marx, los modos y medios de producción capitalista sólo se mantienen destruyendo las fuerzas productivas, es decir, liquidando dos pilares que lo hacen posible: la fuerza de trabajo y la sociedad moderada. Esta es la realidad que hoy estamos enfrentando y que ideológica y políticamente debemos saber comprenderla y así contrarrestarla. Hubo un tiempo que la izquierda se enfrascaba en profundos y fervorosos debates a cerca de las vías para llegar a una sociedad alternativa al capitalismo, una sociedad superior, libre e igualitaria, sin explotados ni explotadores. La utopía comunista estaba al alcance de la mano.

Revolución o reformas, formas de grados o asalto al poder, vía pacífica o vía armada, daba igual. Eran los tiempos remotos de movimientos que nos parecen antiguos, karkas e incluso «moñas», comunismo, marxismo-leninismo, trotskismo, maoísmo, guevarismo, anti-capitalismo, anarquismo, etc. Esos caminos para llegar a la utopía podían tener tal grado de exhaustividad que los sectores de izquierda que optaban por la revolución por etapas definían, incluso con precisión y al detalle, las fases que podía tener cada una de las etapas. Eran tiempos de ideologías fuertes, de solidez conceptual y de firmes certezas, a partir de las cuales los partidos y movimientos definían sus estrategias, sus tácticas, sus alianzas y sus programas políticos, los que a su vez servían de referencia para la implicación individual, sobre todo de los jóvenes, en la militancia política.

Por supuesto que esas ideologías fuertes podían ser más o menos dogmáticas, más o menos ortodoxas, pero en general todas apuntaban al mismo objetivo: la superación de la sociedad capitalista existente. Por causa de estas ideologías fuertes que daban sentido vital a los individuos, mucha gente fue presa, torturada, asesinada, exiliada y desaparecida de la faz de la tierra. Ahora a todo esto se le pone el prefijo «neo» y les parece de lo más moderno, pero son viejas políticas de hace 100 años.

El pasado no se puede inventar, y no fueron pocos los que sufrieron y todavía sufren la dictadura comunista. Ahora resulta que esta gente que ha estado en una plaza de toros madrileña peleando por reparto del poder, las sillas, las posturas y que ha elegido a un líder misógino y machista, admirador de ETA y de Chávez, violento en las formas unas veces sin embargo moñas y simplón otras, quiere gobernar España. ¿A dónde vamos con esta cuadrilla…? Parece mentira, pero en Navarra son uno de los partidos que sostienen el «desgobierno» presidido por Miren Uxue Barcos Berruezo. Pues eso… ¿a dónde vamos con esta cuadrilla, señora Barcos?

 

Miguel Bujanda Cirauqui

 

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Un comentario en “La utópica soberbia de Vista Alegre II al Gobierno de Navarra. Por Miguel Bujanda.

  1. UTOPÍA era que Jesucristo resucitase, que el Leganés. este en primera. La utopía es algo que se puede alcanzar, pero que al capitalismo no le interesa. Utopia erea que las mujeres ejercieran el dercho al voto, utopía era que blancos y negros gracias a una mujer se sienten en los autobuses. Ahora vemos que han descubierto siete planetas de los cuales tres igual tienen vida.
    La utopía la inventò la derecha para que el pueblo no vaya más allá de lo conseguido. Utopía era pensar que Franco era DIOS y realidad es pensar que personas rancias y que no evolucionan sesde los tiempos de amadeo Marco piuedan avanzar. Yo que soy muy utópico aún pienso en que vuestro cerebro evolucionara.

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